jueves, 8 de septiembre de 2011

“Juventud, ¿Divino tesoro?: ironías y verdades”


Nadie envejece por vivir años, sino por abandonar sus ideales. 
Eres tan joven como lo sea tu fe, tu confianza en ti mismo, tu esperanza. 
Eres tan viejo como tu temor, tus dudas, tu desesperanza.

Se dice a menudo que la juventud es una puerta…una grieta abierta en el asombro; y más de una vez, este término ha sido sintonizado con matices de frescura, energía, ansias de vivir.
A decir verdad, ser joven también implica concebir a los ojos como dos llamas flameantes y vivir apostando por certezas para muchos irrealizables. Una definición tan idealizada como la que acabo de plasmar convertiría a la juventud en un auténtico halago para la humanidad.
Pero lo cierto, es que no es posible nacer joven…es necesario adquirir la juventud. Y el pasaporte para hacerlo, son precisamente los ideales que nos caracterizan. El mundo y sus conquistas importantes han sido motivados siempre por el espíritu de jóvenes deseosos de ver cambios; esas agallas fueron y serán el motor de perfeccionamiento para el universo.
Sin embargo, parece que aquel escenario radiante dio –sin preverlo- un giro completo. Las tendencias consumistas han ampliado sus fronteras en los últimos años, y lograron apoderarse no solo de buena parte del terreno económico nacional, sino también (y lo más grave) se apoderaron de la conciencia juvenil. Hoy, envueltos en el inmediatismo y desinterés por la posteridad, muchos jóvenes simplemente pretenden llenar su día de comodidades, facilismos y desidias, tirando por la borda lo más exquisito de la vida: las locuras y conspiraciones del porqué vivir.
Francamente, ya estoy cansada de sentir la ausencia de un Vallejo caminando por la plaza, o de oír con asombro y emoción a un Haya de la Torre durante algunos debates a puertas abiertas…sin embargo pareciera cada vez más, que ese ímpetu se va apagando y poco o nada se ha hecho para ver florecer tan valioso material humano.
Ese desequilibrio entre la perfección concebible y la realidad practicable, se apoya en la naturaleza misma de la imaginación, siempre rebelde al tiempo y al espacio…es precisamente esa dialéctica conspiradora, propia de cada ideal impregnado en la conciencia colectiva de quienes lo viven, la que encarna aquello que José Ingenieros trataba de explicar desde sus investigaciones y sospechas…no sé si alguna vez nos hemos preguntado con voz unánime de humanidad…¿hacia donde marchamos realmente?...pues desde la contradicción que me mantiene viva, pienso que si seguimos cruzados de brazos - como diría Sábato - seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa.
La vida también simboliza tener el coraje para sostener una duda y para contagiarnos de ese ímpetu y vitalidad para germinar cambios…desde las letras, desde el ejemplo, desde una pintura, desde la música...es decir, desde la luz que seguimos aún sin verla, cualquiera sea el estilo que nos tracemos…
Porque al fin y al cabo la esencia de nuestra naturaleza se resume en volvernos realmente humanos, haciendo un poco más feliz la vida del otro, y consiguiendo que esa felicidad viva en nuestro interior tan solo con la existencia de sí misma.
Y ya lo venía anunciando hace alguna eternidad sin nombre Washington Delgado…
Porque después de todo…nada importa sino es el amor...Sino es el odio
Yo estoy aquí para vivir, o para morir
Para cantar o para morir
Para respirar, comer y amar
O para morir…

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